Una vez aprendemos a
asociar la imagen con su color, forma e incluso sabor, comenzamos a darle
nombre propio a las cosas, haciendo la codificación y descodificación, propios
del proceso de la lectura un poco más fluido, de allí la importancia de
establecer una adecuada estimulación temprana que le permita al niño ampliar su
banco de palabras y pasar de la etapa logográfica a una etapa alfabética, que es donde adquiere
habilidades para la segmentación fonética permitiéndole acceder al significado
de las palabras no familiares gracias a la aplicación de reglas de correspondencia grafema-fonema, involucrando también al proceso la escritura. Es decir, al observar una manzana el niño ya
puede asociar que es roja, que es una fruta e incluso que es sabrosa, pero
ahora va incorporando que su letra inicial es la M y que contiene la A como
vocal principal, incorporando poco a poco las demás consonantes, trabajando la
lectoescritura de forma conjunta. Para estimular estos procesos se recomiendan
lecturas sencillas que vayan asociadas a personajes o cosas que puedan ser de
su interés, por ejemplo, animales, super héroes, ciudades, entre otros. Para
ellos encontramos libros enfocados a “Mis primeras palabras”, las cuales
debemos complementar con actividades de psicomotricidad fina que este asociado
a la lectura y sus imágenes, permitiéndole al niño internalizar los nuevos conceptos aprendidos
de forma integral en su proceso de lectoescritura.
Recuerda... Tú felicidad depende de ti 😉

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